"Artículo dedicado a Josué Ávila Molina (Costa Rica),
fiel lector de este blog y gran entusiasta del tai chi.
Gracias Josué por compartir con todos nosotros estas imágenes ".
(Posición Ma Bu por Josué Ávila Molina).
Pasión, interés, ganas, motivación, entusiasmo,... llámalo “X”. Pero sin ello, más tarde o más temprano, abandonarás la práctica del tai chi. Por tanto, dime, ¿no merece la pena tenerlo presente y cuidarlo como se cuida una plantita en la maceta, para que crezca y dé sus frutos? ¿Qué te mueve a practicar tai chi?, ¿qué te motiva?, ¿por qué practicas tai chi? ¿cuáles son las razones que te llevaron a aprenderlo? Piénsalo...
En ocasiones me quedo embobado, absorto, observando a los nuevos alumnos, principiantes, y me pregunto ¿qué les habrá llevado a practicar tai chi? Algunos reflejan en sus ademanes, en su forma de actuar y de moverse un interés muy especial, están deseando aprender. Me recuerdan a mi mismo en mis principios. Es entonces cuando descubro, un tanto sorprendido, que ese entusiasmo por saber más de antaño ha cambiado. Con los años de práctica mi motivación ha cambiado. ¡Aaaahhh! interesante, la motivación puede cambiar.... curioso, ¿no?.
(Cortesía de Josué Ávila Molina).
Sí, con los años he aprendido algunas cosas. Comencé practicando tai chi para aprender a defenderme. Así que presté mucha atención a todo el tema de las técnicas de defensa personal. Además, deseaba estar fuerte y, para ello, entrenaba la musculatura con todo tipo de ejercicios de fortalecimiento: abdominales, lumbares, flexiones de brazos...etc. Además de ir al gimnasio, entrenaba por mi cuenta fuera de horario en el parque situado detrás de mi casa para ponerme “cachas”.
Mirando atrás en el tiempo, repasando mis motivaciones, veo que tras esta primera etapa vino otra. Esta más tranquila y comedida. Mi mayor motivación fue, tras algunas lesiones sufridas en mi trayectoria como deportista, tratar de conservar la salud, la condición física y mantenerme un poco en forma. Nada que ver con mi etapa anterior. Seguí practicando tai chi (esto siempre), pero centrando más la atención en la perfección de la postura y movimientos. Mi entrenamiento se hizo un poco más “interno”. Además de la postura correcta, me interesaba aprender bien a coordinar la respiración con cada movimiento y la aplicación exacta en el cuerpo del adversario de las distintas técnicas de ataque y defensa.
Ahora veo que, tras esta segunda etapa, surgió una tercera. Mi interés se centró especialmente en la creatividad. Busqué hacer “mi propio tai chi” aprovechando toda la experiencia acumulada por los años de práctica. Fusioné varias disciplinas: el tai chi (estilos Yang y Chen), el kung-fú (estilo You Jen Kuen) y el Aikido (sólo algunos conceptos). El resultado de esta mezcla de artes marciales y estilos está lejos de ser algo complejo o complicado; al revés. Siempre busque (y lo sigo haciendo) la sencillez. Pienso que hacerlo difícil, es fácil; y que lo difícil es, precísamente, hacerlo fácil.
(Posición You Deng Jiao por Josué Ávila Molina).
Hoy por hoy, me encuentro en una fase distinta a la anterior. Ahora mi interés está centrado en la energía. Busco aplicar siempre La Ley del Mínimo Esfuerzo a todas y cada una de las posturas y técnicas de tai chi que realizo sin perder por ello ni un ápice de eficacia. Además, he ampliado el radio de acción del tai chi a otros ámbitos de mi vida. Deseo transferir lo aprendido por la práctica al máximo de actividades que desarrollo y llevo a cabo en mi vida cotidiana: desde escribir o fregar los platos sucios a las explicaciones que doy a mis alumnos en las clases.
Progresivamente, mi tai chi se ha ido haciendo más interno, más suave, más cómodo y personalizado, pero también más eficiente. Sin prisa, pero sin pausa la práctica del tai chi se ha ido transformando en algo más que un sistema de defensa personal o un método para conservar la salud, se ha convertido en una filosofía de vida, en un camino para aprender a vivir conmigo mismo y con los demás y para aprender a desenvolverme en esta vida de un modo más consciente y satisfactorio.
Por tanto, la motivación, el interés y las ganas de tai chi ha ido cambiado y fluctuando a lo largo de toda mi trayectoria en este mundo de las artes marciales. Esta es mi historia, pero seguro que tú tienes la tuya propia. Párate a pensarlo y plantéate lo siguiente: Tus razones o motivos para practicar tai chi ¿tienen la fuerza sufiente como para imaginarte a tí mismo/a practicándolo de viejito/a? Buena pregunta, ¿no crees?
“El Tai Chi es un arte para toda la vida”.